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Madrid

Se entregaron los Premios Nacionales de Gastronomía 2016

Los Premios Nacionales de Gastronomía de 2016 fueron entregados anoche en el Museo del Traje de Madrid con la presencia de Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación, Cultura y Deporte.

miércoles, 27 de septiembre de 2017 

Han pasado más de cuatro décadas desde el nacimiento de los Premios Nacionales de Gastronomía de la Real Academia Española. Entonces, cuando Juan Mari Arzak fue reconocido por su labor al frente del restaurante donostiarra que lleva su apellido, la institución culinaria no era todavía real. El título otorgado por el ahora rey emérito Juan Carlos I le sería concedido en 2010, más de treinta años después de la primera edición. Un acontecimiento para el que Rafael Ansón, presidente de la academia, tuvo un afectuoso recuerdo anoche, en la entrega de los galardones del ejercicio 2016.

Fue en el Museo del Traje de Madrid, en su moderno auditorio, donde cocineros, profesionales de la restauración, diferentes agentes relacionados con el mundo gastronómico, personalidades varias, autoridades y prensa especializada disfrutaron de una velada en la que pudimos ver a los laureados en los Premios Nacionales de Gastronomía de 2016. Las figuras de la cocina que, como los modistos que con sus diseños llenan este espacio expositivo, llevan el nombre de España más allá de sus fronteras. Un relieve internacional, «altavoz de la vanguardia y tradición españolas», que el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, quiso resaltar en el discurso que cerró la velada.

Los primeros en pisar el escenario fueron los miembros de la familia Vivanco, una saga que desde 1915 ha trabajado duramente por el vino riojano. Santiago, presidente de la Fundación y de Experiencias Vivanco, y su hermano Rafael, el director técnico de las bodegas, la cuarta generación, subieron al escenario junto a su madre, Angélica Sáenz. Tomando la palabra, recordaron la labor de tantos agentes comprometidos con los caldos riojanos y su difusión, en especial la de su padre, Pedro Vivanco, recientemente fallecido. Para ellos fue a parar el premio especial.

Antonella Ruggiero, la maestra de ceremonias dio paso al siguiente de los galardonados, Alejandro Fernández, el Premio Nacional de Gastronomía a toda una vida. Otro valedor del vino, un hombre comprometido con el sector vitivinícola que empezó desde abajo. En 1972 abrió su primera bodega, cumpliendo un sueño de juventud y siendo uno de los pioneros de la denominación de origen Ribera del Duero. Ahora, él es el presidente del Grupo Pesquera, una agrupación de cuatro bodegas. Visiblemente emocionado, reivindicó desde el atril la valía de los vinos españoles y su papel en la gastronomía.

La velada en el Museo del Traje prosiguió con la entrega del Premio Nacional de Gastronomía Saludable a la personalidad, del que fue merecedor el cocinero Rodrigo de la Calle, responsable del restaurante El Invernadero. Este profesional de los fuegos, uno de los exponentes de la revolución vegetal que ha vivido la alta cocina, quiso recordar las personas que a lo largo de las últimas dos décadas lo acompañaron desde el principio, creyendo en su forma de cocinar y en la necesidad de llevar lo verde a la primera línea. La creencia de que el mundo vegetal puede ser protagonista.

El premio saludable a la institución fue a parar a la Fundación Española de Nutrición, cuyo presidente, Gregorio Varela, puso de relieve en su parlamento la importancia de la dieta, la idoneidad de comer para alimentarse, sentir placer y ganar en salud. La noche continuó con los Premios Nacionales de Gastronomía relacionados con las letras. El premio a la mejor publicación fue para el libro Triclinium, de Almudena Villegas, una novela basada en el antiguo gastrónomo Marco Gavio Apicio. El premio a la mejor publicación periódica en papel le fue entregado a la revista Beef!, dedicada a un público masculino interesado en la cocina. El premio a la mejor publicación periódica online recayó en Gastroeconomy, el portal fundado por la periodista Marta Fernández Guadaño en el que restauración, cocina y mundo empresarial se unen. Y finalmente, el Premio Nacional de Gastronomía a la mejor labor periodística le fue entregado a Luis Cepeda, quien en su discurso hizo mención a tantos profesionales de la comunicación que lo recibieron antes que él, «empezando por Néstor Luján, el primero, y terminando por Carlos Herrera, el último».

Encarando la recta final de la noche, subió al escenario con gran emoción el merecedor del Premio Nacional de Gastronomía al mejor sumiller, Carlos Echapresto. Un riojano que ejerce como tal, según sus propias palabras, estando al frente de una bodega con más de un millar de referencias, la del restaurante familiar Venta Moncalvillo. Con la voz entrecortada, el «tabernero de cuna» Juan Diego Sandoval recibió de manos del ministro Méndez de Vigo el premio al mejor director de sala y agradeció el apoyo de toda su familia, empezando por sus padres, hermanos y pareja, a lo largo de todos estos años. En palabras de la Real Academia de Gastronomía, pocos como él consiguen aunar en un mismo espacio, en este caso el comedor del restaurante Coque, elegancia y calidez en tan alto grado.

Finalmente, llegó el momento de entregar el Premio Nacional de Gastronomía al mejor jefe de cocina al responsable del apreciado Asador Etxebarri, Víctor Arguinzoniz. Otro cocinero hecho a sí mismo, un maestro de las brasas que domina el fuego como pocos son capaces de hacerlo, dando un cariz único a cualquier buena materia prima que pasa por su parrilla. Una gran figura de los fogones, discreta a la par que entregada, que refrenda la larga vida que tiene por delante la cocina española. Rafael Ansón, al principio del acto, entre asentimientos de la presidenta de la Cofradía de la Buena Mesa, Ymelda Moreno, recordaba el momento en el que se crearon los galardones y el escepticismo que mostró el Conde de Los Andes, entonces presidente de la cofradía, sobre la posibilidad de encontrar cada año a un buen cocinero que premiar. Como el paso de los años se ha encargado de demostrar, el aristócrata se equivocaba. La gastronomía española, temporada tras temporada, está cada vez mejor. ¡Larga vida!

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